Baile nativo: las danzas folkloricas tienen en Silvia Zerbini a su referente

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01/11/2017
Maestra ineludible para varias generaciones, acaba de asumir funciones como directora del Ballet Folklorico Nacional; aumentar la cantidad de funciones anuales, su desafio
Baile nativo: las danzas folkloricas tienen en Silvia Zerbini a su referente
Desde hace casi una hora, Silvia Zerbini no para de recibir llamados de felicitaciones desde distintos puntos del país. Hasta una mujer riojana que oficia de llorona en los velorios de su pago la llama emocionada hasta las lágrimas por la noticia. Hace unos días que a Zerbini le comunicaron que será la nueva directora del ballet Folklórico Nacional, que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación. Su proyecto fue elegido de manera unánime por el comité de selección. "Es una responsabilidad y un regalo de la vida", dice ella. La nueva directora asume, tras los frentes de tormenta que asolaron el cuerpo estable en los últimos meses, debido a la ausencia de un director y a los reclamos por la escasa cantidad de funciones anuales y la falta de presupuesto para el montaje de obras nuevas.
 
 
"No va a ser fácil -advierte la nueva directora-. Hay cosas que están funcionado, otras que sirven y otras que están anquilosadas. Lo central para mí es lo humano. Que los bailarines sean escuchados, estén bien, alegres, cómodos y comunicados, que estén contenidos y vayan con deseo a los ensayos. Quiero contribuir a que sientan que son artistas trabajadores y no empleados públicos que bailan", dice la ganadora del concurso junto a Mariano Luraschi, que integra el ballet y ahora será su vicedirector.
 
La designación de Silvia Zerbini causó alivio, sorpresa y celebración en el mundillo de la danza y la escena folklórica. "«Al fin ganó uno de los nuestros», me dicen, aunque acá no me conoce nadie", comenta con humildad Zerbini, a quién en los círculos de los ballets provinciales apodan cariñosamente como "la vieja". La bailarina y maestra, que reside actualmente en chilecito, La Rioja, y se mudará en una semana a Buenos Aires para asumir su nuevo cargo, es considerada una referencia y una maestra de varias generaciones de bailarines. "Yo no inventé nada, simplemente me di cuenta de que le estaban pasando cosas a la tierra y entendí que había que mirar para adentro", dice con un tono casi chamánico.
 
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Silvia Zerbini baila folklore des- de los 9 años. "Estudié un montón para bailar bien un gato", dice. Hizo zapateo, flamenco, danza vasca, clásico. Zapateo americano (con un bailarín de Josephine Baker) y contemporánea y hasta tomó clases de mudras. "Todo lo que se me acerca lo tomo. Pero no para ponerlo en el gato, sino que cuando bailo se expresa todo de manera natural", añade esta mujer nacida en Buenos Aires y criada en Villa Carlos Paz, con tonada riojana y madre de cuatro hijos: uno de ellos, el cantante Emiliano Zerbini, una referencia de la camada jóven del Folklore de los años 90.
 
Su trayectoria dentro del circuito del interior se puede medir por su influencia. Lugar donde Silvia Zerbini bailó, ya no fue el mismo. Le dedicaron zambas, cuecas, escondidos y hasta un tango por su forma de bailar. En córdoba, a mediados de los 80 y comienzos de los 90, formó parte de una renovación del baile que dio origen al encuentro de cultura de San Antonio de Arredondo. Ese proceso creativo del que participaron bailarines como Juan Saavedra y el Negro Valdivia, y músicos como Ica Novo, el dúo Coplanacu, Jacinto Piedra y Bicho Díaz, acompañó una nueva explosión musical y un boom del baile entre los jóvenes universitarios cordobeses. "De lo que se dio cuenta esa camada es de que la música y la danza no podían vivir una sin la otra. Los chicos empezaron a escuchar con el cuerpo. El pianito de los Hermanos Abalos ya no les despertaba nada. A los chicos les pasaba otra cosa con la música de Jacinto Piedra y Raúl Carnota."
 
El suyo fue un trabajo de hormiga, paciente, como el de las hilanderas del norte; tejió una enorme de red de bailarines, que crecieron bajo su influjo y que a su vez crearon sus propias compañías en sus pueblos. "Todo comenzó de una manera natural. Era romper ciertas ataduras. Lo importante para mí era valorizar la creatividad de cada uno. No podemos bailar todos de igual manera porque todos somos distintos."
 
Zerbini cambió los paradigmas estéticos de las danzas nativas con un abordaje natural, muy distinto de lo que se enseñaba y se enseña en las academias. "Teníamos la necesidad de salir de esas formas. De no darle tanta importancia a seguir modelos impuestos. A mi me parece que, como todas las exageraciones, la academia cumplió un papel importantisimo en la difusión de las danzas, pero se fue de mambo cuando hizo de esto un comercio. Se generaron modas que se instalaron con una rigidez que fueron alejando cada vez mas la danza de la raíz. La raíz nace en un ámbito de que no tiene nada que ver con lo académico. La raíz nace en los sectores populares y la academia en los sectores aristocráticos. El bailarín no es un muñequito de la torta que entretiene al soberano. Eso es medieval. Somos del pueblo para el pueblo, pero dignificamos lo que el pueblo hace en el baile."
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