Crítica de Bollywood,

El Espectador Crítico del Musical
21/04/2015
de Chet Walker y Jack Samuel Gill
Crítica de Bollywood,
 
¿De qué se trata?: Contada sobre todo a través del baile, Bollywood es una sucesión de cuadros que resultan un canto a la integración (de edades, estilos, géneros y posibilidades). Toma su nombre de la industria de cine de la India, que produce musicales ingenuos y románticos. Vino a Buenos Aires a montar la obra el estadounidense Chet Walker (experto en Fosse, coreografió el último revival de Pippin en Broadway). Junto con Jack Samuel Gill (noruego con raíces hindúes), buscaron unir sus estilos e integrarlos, a su vez, a otros géneros musicales.
 
El punto fuerte de la obra: la coreografía.
 
 
No me termina de cerrar el concepto de boliche como lugar para bailar, tal como lo entendemos en la actualidad. Se llega muy entrada la madrugada, para permanecer en general por un tiempo reducido. La música está tan fuerte que casi no se puede hablar. Y ya he expresado anteriormente que no comprendo el atractivo de la mayor parte de la repetitiva música electrónica, y no tengo idea de cómo se baila… si es que se baila o si los movimientos que hace gran parte de las personas se considera baile. Y sin embargo, en Bollywood nos encontramos con un cuadro impactante montada al ritmo de “Bang Bang (My baby shot me down)”, el hit de David Guetta, uno de lo grandes exponentes del sonido electrónico. Así, los movimientos vigorosos potencian los arreglos de Guetta, logrando una amalgama que resignifica y eleva la canción. Y esto es solo una muestra de los que pasa en Bollywood, un espectáculo que es relectura e integración constante.
 
 
Más allá de eso, aclaremos con qué se pueden encontrar los espectadores. Bollywood es un espectáculo difícil de definir: por su estilo fragmentado está muy cerca de ser un music hall, pero se puede hablar también de un musical conceptual (de hecho, se anuncia como un musical). En realidad, el 90% de Bollywood recae en el lenguaje más abstracto de los que componen el teatro musical: el baile (la especialidad del director y coreógrafo Chet Walker, claro). Es por eso que no podemos discernir un  argumento irrefutable, sino que cada uno es libre de interpretar o no interpretar lo que sucede (o de conectar o no conectar mentalmente los diversos cuadros). Además de darnos libertad, el estilo segmentado dota a la pieza de un nivel de expectativa casi circense (“¿Qué vendrá ahora? ¿Qué hará esta persona?”).
 
La comparación no es casual, porque el factor de asombro es crucial en el planteo coreográfico de Walker y Jack Samuel Gill. Esto se debe a que pudieron explotar un porcentaje altísimo del talento de la compañía. Las coreografías son, en general, de considerable dificultad técnica y desgaste, y mantienen en vilo al público sin necesidad de recurrir a ninguna otra forma de espectacularidad. El elenco entrega todo en escena, derrochando energía. Vale aclarar que los intérpretes están divididos en dos grupos: uno de adultos (con algunos bailarines muy reconocidos del ambiente) y otro compuesto por la Compañía de Teatro Musical Juvenil que dirige Ricky Pashkus.
Lo llamativo es que no se ven marcados contrastes de nivel entre esos conjuntos. Por suerte, la CTMJ tiene toda la vitalidad y el impulso que se espera de la palabra “juvenil”, pese a que haya tantísimos otros casos cotidianos que aboguen por lo contrario. En síntesis, tienen ganas de hacer cosas. Aunque todos son fantásticos, de esta compañía quiero destacar al magnífico trío que componen Florencia Liserre, Agustina Velo y Julieta López, quienes además de bailar con prolijidad técnica transmiten variadas emociones con sus movimientos (y Bollywood les da posibilidad de destaque).
Se ve una muy buena sincronización en la totalidad del elenco, sobre todo en las escenas grupales (algunas de las cuales requieren cuantiosa precisión porque los coreógrafos fueron marcando figuras que tienen que estar milimétricamente calculadas para funcionar armónicamente).
 
 
En cuanto a las danzas hindúes, pocas veces las encontramos en forma pura en Bollywood, porque la idea del espectáculo es ir fusionando ese estilo con el de los musicales de Broadway y aplicarlo a distintos géneros musicales. Entonces, coreográficamente no se limita a esto, sino que, por ejemplo, hay mucho lugar para el hip hop, la danza contemporánea y el jazz, y prevalece un espíritu de fusión. Lo que se mantiene como constante y que nos permite seguir reconociendo una misma línea detrás de todos los números es una elegante sensualidad en las mujeres y seguridad en los varones. Fuera de esto, hay un tratamiento disímil del mundo adulto y el de los jóvenes, que se contraponen en la narración. El vestuario de Pablo Battaglia va alternando entre esos dos universos, y dosifica la incorporación de ciertos detalles hindúes.
 
Todo lo explicado está ajustado a unas serie de canciones pertenecientes a variados géneros musicales (la mayoría de la música no proviene de la India). Así es, paseamos por pentagramas muy diferentes: de los sonidos modernos de “Yoncé” (Beyoncé) y “Counting Stars” (OneRepublic) al jazz de “Whiplash”, pasando por los falsetes de Prince en “Kiss” y por la eterna “Fever”. En el límite entre lo anglosajón y lo hindú se encuentra “Jai Ho”, la canción principal de la película ganadora del Oscar Slumdog Millionaire [un film que, por cierto, termina con un musical bastante gratuito que no tiene nada que ver con lo que venía mostrándole al espectador, pero dejemos eso de lado]. Nuevamente se incorpora el factor sorpresa.
Incluso, se interpretan vocalmente dos canciones de conocidas obras musicales: “Corner of the Sky” (Pippin) y “The Song of the Purple Summer” (Spring Awakening/Despertar de Primavera). En esta última entra en juego el arreglo coral de Meri Hernández. Se sabe que, no obstante, el Teatro 25 de Mayo no tiene un buen equipamiento de sonido y esto le agrega obstáculos a los artistas, que no pueden escucharse correctamente (eso sí, en la función a la que asistí, no hubo problemas para que el público recibiera el sonido).
 
Finalmente, es excelente la intervención de la banda juvenil, dirigida por Javier López del Carril fuera de escena pero comandada con soltura por Camila Di Biase en el espectáculo. La incorporación de un violín (Catalina Sfilio) resultó enriquecedora. La banda está poco tiempo en el escenario y deja ganas de más, y esto es positivo.
 
Volvamos al boliche del principio. Imaginémoslo ahora con todos los bailarines de Bollywood entre el resto de las personas, y tendremos la utopía del boliche perfecto. Obviamente, se destacarían entre la gente, y traerían consigo un toque del exotismo de la India en hermandad con Broadway (¿se asomaría incluso un golpe de cadera de Fosse?). Con sus movimientos sincronizados, las canciones cobrarían otro valor. Y quién sabe a dónde nos transportaría toda esta mezcla, aunque eso no es lo central… ¿no es acaso Bollywood la industria de la más pura evasión?
 
 
Más información:
Teatro: 25 de Mayo (Triunvirato 4444, Villa Urquiza)
Funciones: martes 21, miércoles 22 y jueves 23 a las 21 hs.
Precio de las entras: $70 (pullman superpullman), $90 (palcos) y $150 (platea)
Duración: 1 hora
 
Dirección: Chet Walker
Coreografía: Chet Walker, Jack Samuel Gill
Dirección Compañía de Teatro Musical Juvenil: Ricky Pashkus
Dirección vocal: Meri Hernández
Diseño de vestuario: Pablo Battaglia
Diseño de luces: Chet Walker
Diseño de video: Pablo Rodino
Dirección Técnica: Pablo Rodino
Producción Ejecutiva: Estanislao Otero Valdez
Stage Manager: Matias Vega
Asistente de Dirección: Rodrigo González Alvarado
Asistente de Producción: Antonella Lucini
Prensa: María Sureda
 
Elenco:
Artista Invitado: Jack Samuel Gill
Bailarines: Juan José Marco, Melina Dibos, Karina Barda, Yasmin Corti, Lucila Siryi, Evangelina Patriarca, Federico Ferreyra, Santiago Ibarra, Lucas Marcheselli, Tomas Martinez y Santiago Palumbo
Compañía de Teatro Musical Juvenil: Valentino Grizutti, Ezequiel Suarez, Florencia Liserre, Thomas Lepera, Agustina Velo, Julieta Lopez, Juan Cavoti,  Federico Solla, Simón Alejandro, Brian Raccanelli, Juan Ignacio Leguizamo, Camila De Biase, Tobias Gomez, Dylan Ibarra, Tomas Muñoz, Azul Mazzeo, Tiziano Ruger, Mateo Viani, Catalina Sfilio
 
Maestros de la Compañía de Teatro Musical Juvenil:
Asesora Pedagógica: Paula Schapiro
Baile: Milagros Michael
Actuación: Gustavo Monje
Canto: Meri Hernández
Música: Javier López del Carril
Publicado por El Espectador Crítico de Teatro Musical en 16:27 
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