Karina K es Judy

Télam
14/02/2014
de Peter Quilter
Karina K es Judy
La actriz y cantante Karina K se transforma en Judy Garland en "Al final del arco iris", de Peter Quilter, un recorrido por el último año en la vida de la entrañable figura, en una puesta de Ricky Pashkus dirigida musicalmente por Alberto Favero, en el teatro Apolo.
 
  
Karina K, que compuso a una particular cantante en "Souvenir", y sorprendió en el musical "Sweeney Todd" junto a Julio Chávez, en "Al final..." se entrega por completo a Garland en una obra planteada -desde la dirección y la escenografía de Héctor Calmet- en función de la artista.
 
La actriz encarna a su colega hollywoodense en el sentido más literal de la palabra; es decir, dota de forma material a esa leyenda, enfatizando su vulnerabilidad en medio del brillo y el talento, mientras recorre, doma el escenario.
 
La puesta -precisa en su sobriedad- subraya los gestos, las marcas en los movimientos corporales que hacen a la cotidianeidad de una dama dominada por las oscilaciones anímicas, desde la abstinencia inicial, pasando por la euforia y el bajón generado por el consumo de barbitúricos y alcohol.
 
El público, gracias al planteo de la puesta, se va transformando paulatinamente con el crescendo narrativo en un testigo dilecto, un voyeur capaz de espiar la intimidad de aquella diva, custodiada por un gran baúl que puede convertirse en espejo delator o marco escenográfico de uno de sus shows.
 
"Al final..." se adentra en el día a día de Judy en Londres, cuando debió llevar adelante cinco semanas consecutivas de funciones junto su último amor Mickey Deans (Federico Amador), su fiel amigo pianista Anthony y su letal vínculo con las anfetaminas.
 
Blanco de la prensa amarilla, devastada por las adicciones, la estrella igual brilla desde el humor y emociona al recorrer sus temas ya devenidos clásicos -en lindas traducciones- como "Llueva o truene" y la entrañable canción que da título a esta pieza.
 
Karina K se apropia de cada canción desde el desgarro, generoso en graves, propios de aquella cantante fumadora, sin abandonar nunca ni las mínimas muecas que la identificaron.
 
Fiel a esta entrega apasionada, la actriz se arregla el pelo, mima a su compañero (Amador) y hasta se apoya en el piso al momento de caer, siempre con la mano izquierda dominando cada movimiento, hasta en los momentos de mayor dramatismo.
 
El triángulo amoroso entre la cantante y sus dos hombres se despliega con la misma cadencia que signa el espectáculo, desde la mirada detallista de Pashkus.
 
Grimau emociona desde su composición -generosa en matices- del músico, un personaje dueño de un amor incondicinal hacia la protagonista, Amador aporta su presencia física y Víctor Malagrino divierte en sus participaciones.
 
Durante la segunda parte de la obra, mientras Judy va asomándose a su prematura muerte -la estrella falleció a los 47 años, por sobredosis-, la atención quizás pueda llegar a decaer, pero la entrega de la protagonista logra superar algunos altibajos.
 
La dirección musical del maestro Favero es bella, y al tiempo que su presencia junto a los músicos resulta un acierto, una ubicación más visible desde las plateas resultaría más eficaz.
 
La mayoría del público conoce el precoz final de la actriz del filme "El mago de Oz", pero la puesta dominada por el trabajo de Karina K consigue que la platea desafíe al tiempo y desee que la luz de Judy brille para siempre.
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