Karina K recorre el camino

En la piel de Judy Garland
22/01/2014
Entrevista de Patricia Espinosa
Karina K recorre el camino
Al final del Arco Iris" del dramaturgo Peter Quilter recrea los últimos meses de vida de Judy Garland. La acción transcurre en el Hotel Ritz de Londres y en el nightclub The Talk of the Town, donde la inestable actriz y cantante norteamericana dio una serie de recitales a comienzos de 1969. Tras su exitoso debut en Australia, Inglaterra, Estados Unidos y una veintena de países, la pieza de Quilter subirá a escena en el Teatro Apolo, protagonizada por Karina K (la intérprete de "Cabaret", "Te quiero sos perfecto cambiá", "Sweeney Todd" y "Souvenir"). La dirección general es de Ricky Pashkus y la dirección musical de Alberto Favero. 
 
En la obra, la diva llega a Londres acompañada por Anthony, su leal pianista (Antonio Grimau) y por su joven prometido Mickey Deans (Federico Amador). Sobre estos dos hombres recaerá la tarea de mantener a Garland lejos de las pastillas y el alcohol y en condiciones de subirse al escenario. El debut de "Al final del Arco Iris" está previsto para febrero y contará con la participación del actor y músico Víctor Malagrino.
 
Periodista: ¿Cómo evitan estos dos hombres que la cantante se escape o tenga una crisis nerviosa que la avergüence ante su público?
 
Karina K: Eso es lo que convierte a esta obra en una auténtica comedia. Judy era una mujer profundamente emocional, de una sensibilidad extrema, pero también era muy divertida. Ella misma declaró ante el público: "yo sobreviví a mí misma gracias a mi sentido del humor y al amor que ustedes sienten por mí". 
 
P.: ¿Sus problemas con las drogas comenzaron en los estudios de la Metro Golden Mayer?
 
K.K.: Así es. Para resistir las 14 horas diarias de rodaje, le daban anfetaminas y también barbitúricos para que luego pudiera dormir. Llegó a rodar hasta 8 películas por año. Eso hizo que el resto de su vida Garland dependiera de las drogas. Cuando filmó "El mago de Oz" tenía 16 años y debía aparentar 13, así que le fajaron los pechos y su madre le daba pastillas para adelgazar. Pobrecita, desde entonces tuvo varias crisis nerviosas. La Metro le puso un psiquiatra alemán que apenas hablaba inglés, así que fue un desastre. Cuando el psicofármaco recetado no le hacía efecto, tomaba tres por su cuenta. 
 
P.: ¿A qué hace referencia el título de la obra?
 
K.K.: Como dice la canción de "El mago de Oz" ("Over the rainbow") ella sueña con un lugar donde disfrutar del descanso y la felicidad que no puede tener en este mundo. Pese a su éxito tuvo una vida muy difícil. Muere accidentalmente de una sobredosis a los 47 años y su aspecto era el de una mujer mucho mayor. 
 
P.: ¿Por qué fueron tan aclamados sus shows en vivo? 
 
K.K.: Por su capacidad emocional que era mucho más intensa y versátil que la de cualquier otra figura de la época. Eso la convirtió en uno de los referentes más importantes del cine y de la actuación en musical. Era cantante, actriz, bailarina... todo lo hacía bien. Ella inauguró el one-woman show acompañada por grandes orquestas. Incluso cambió el estilo vocal de la época que era más nasal y más prolijito y le aportó una mayor visceralidad. En sus presentaciones contaba anécdotas de su vida y de su paso por el cine, además de cantar temas de sus películas. Fue la precursora de un formato que después cultivaron Barbra Streissand y otras estrellas. 
 
P.: ¿Qué episodios de su vida aparecen en la obra?
 
K.K.: Hay referencias a su madre, a la que acusó de haberse apropiado de sus ganancias. También habla de sus maridos anteriores (Deans fue el quinto y último), de sus amigos más famosos, de su complicada relación con los directivos de la Metro y de sus grandes protagónicos en "El Mago de Oz" y en "Nace una estrella". También recuerda el papelón que hizo en Melbourne, donde el público la agredió por llegar una hora tarde al recital y en estado de ebriedad. En Australia la amaban, pero no le perdonaron ese desliz. Por eso quiere recuperar en Londres su perfil de estrella y se ve tironeada por dos hombres que la aman sin saber cómo ayudarla. Ella siempre dijo que recibía más amor del público que de sus parejas. Su conducta irregular y su inestabilidad emocional hacían que no le durara ninguna relación. 
 
P.: ¿Era un triángulo amoroso?
 
K.K.: No. El pianista fue un amigo muy fiel con el que Judy armaba su repertorio. El la acompañaba a casi todos sus shows y sentía adoración por ella. Pero era un amor platónico, porque Anthony era gay. 
 
P.: Garland lo dio todo en el escenario y terminó llena de deudas y con la salud quebrantada. 
 
K.K.: Por suerte el autor no cae en la moralina de mostrarla como una artista que no pudo superar sus adicciones y debilidades y terminó mal. Dentro de lo patético de la situación, la obra tiene momentos muy cómicos. Le esconden las pastillas pero ella siempre se sale con la suya y se burla diciendo: "Vine esquivando tipos como ustedes toda mi vida". Garland fue una artista fuera de serie, sensual y multifacética, pero no tenía control sobre sí misma. En el único lugar donde se sentía segura era arriba de un escenario. Ese era su espacio de supervivencia. Mientras el público la idolatrara ella se sentía capaz de prolongar su vida. Cantaba con las entrañas y tenía el don de tocar una cuerda muy sensible en el corazón de los mortales. No hay persona y no hay generación que no se conmueva con Judy Garland.
 
Entrevista de Patricia Espinosa
Àmbito.com
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