Poseída

otra labor que la consagra.
09/02/2014
Karina K es el imán ineludible de la obra
Poseída
Por Pablo O. Scholz
“Podría vomitarles en la falda, y seguiría siendo glamoroso”, dice Judy Garland en el único estado en que se encontraba a los 47 años, pocas semanas antes de fallecer, en 1969: devastada.
 
Habla de sí, pero también de quienes la siguieron, sus fans, y puede inferirse de Mickey Deans, su manager y futuro quinto marido, y Anthony, su devoto pianista gay. Unos y otros, fieles y adictos.
 
Al final del arco iris es una obra sobre la atracción que algo o alguien ejerce sobre nosotros de manera fascinante, e ineludible. Puede ser una adicción, como la que Judy tenía a las anfetaminas, ya desde pequeña cuando sus padres la obligaban a ingerir pastillas para mantenerse ¿lúcida? en los sets de filmación. O la de Mickey y Anthony, que parecen tan distintos, pero son tan iguales ante la estrella que aman y que los ciega.
 
Porque Garland era un artista, que supo manipular a quienes tenía a su alrededor. A la única que no pudo engañar fue a sí misma. Judy nunca estuvo en algún lugar sobre el arco iris , sino claramente vislumbrando el final.
 
La obra de Peter Quilter, que contiene canciones pero no es estrictamente un musical, tiene una trama ínfima. Garland va de la habitación del hotel Ritz en Londres a la BBC, o a The Talk of the Town, donde tenía previstas seis semanas de recitales. Judy quiere reverdecer sus logros, y también necesita actuar para pagar deudas. Su fiancée y manager primero la mantiene alejada de las tentaciones. En la cartera de la dama hay whiskey , nicotina, Ritalin y otras anfetaminas. Pero luego se rendirá. El show debe continuar.
 
La personificación de Karina K es eso y más. Es una posesión que la actriz y cantante, la artista, ha hecho de Garland. Desde que Elena Roger hizo Piaf que no se veía una entrega, una pasión y una consagración como la que ofrece la intérprete de Cabaret. Su mérito no está en copiar gestos y actitudes, sino en apropiarlos e incorporar al espectador a su lado, hacer olvidar que hay una platea y un escenario.
 
Lo que hace Karina K lo viene haciendo también en la comedia musical. Es una comediante nata. Qué difícil debe ser para Federico Amador (Mickey) y Antonio Grimau (Anthony) estar al lado de Karina y no sentirse injustamente opacados. Porque el imán lleva, inevitablemente, hacia ella. Su versión de Come Rain or Come Shine y el tema del final apretujan el corazón.
 
Ficha técnica
 
Crítica - Muy buena
 
Drama Dir. Ricky Pashkus
 
Dirección musical: Alberto Favero
 
Con Karina K,, Federico Amador, Antonio Grimau
 
Sala : Apolo
 
Por Pablo O. Scholz
Clarín
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Palabras clave

Karina K

Federico Amador