YIYA, EL MUSICAL

Clarin
04/05/2016
La asesina que arranca risas
YIYA, EL MUSICAL
Habrá que analizar por qué las historias de asesinos, ocultos en rostros impasibles, e imposibles de imaginar que camuflan, disfrazan una mente perversa, atraen tanto al público. Los Puccio, en cine y TV el año pasado, y ahora Yiya Murano en teatro, son seres que hicieron de las suyas en tiempos de la dictadura militar.
 
 
 
Pero Yiya, el musical es una comedia. Desde que arranca hasta que termina. Y tiene el magnetismo de una estrella -no nos cansamos de decirlo cada vez que Karina K compone un personaje- que por brillo propio, aunque no se lo proponga, eclipsa al resto.
 
Entiéndase como el resto a sus compañeros de elenco, las coreografías, la música, la obra. Todo.
 
La diferencia que logra Karina K es que precisamente compone, construye un personaje, no lo simula. Detrás de los enormes anteojos oscuros se adivinan sus ojos vivaces, porque con los gestos, pero más con los movimientos de su cuerpo en trajecito al interpretar a esta señora malhablada que terminó envenenando con masitas a sus tres mejores amigas, logra crear una persona en escena.
 
Haga memoria el lector sobre cuántas veces le ha sucedido en un musical.
 
 
Puede ser Mrs. Lovett en Sweeny Todd, Sally Bowles en Cabaret, Norma Cassidy en Victor Victoria, Judy Garland, Niní Marshall... O cualquier hija de vecino. Pero ES.
 
Construida en base a una revista, como las que Yiya frecuentaba porque adoraba ir al teatro de revistas (“veía el culo de Porcel y se mataba de la risa”), la obra es un popurrí de estilos. Con una larga escalera blanca iluminada como principal escenografía, como las que usaban las vedettes para la despedida, por momentos el vestuario (creativo, inspirado), los peinados y la música remiten a otros años, mezcla de Hairspray. Hay en escena -en el ambiente- un desparpajo y una libertad que arrollan.
 
Si hasta bajan a la platea, y Yiya convida bombas de crema…
 
Osvaldo Bazán, como autor, recurrió entonces al teatro de revistas y la utilización de los números como mini escenas/momentos separadas le cae perfecta a la obra. Si en …Y un día Nico se fue se le podía criticar cierta disgregación, aquí tiene como piedra troncal un buen cimiento que sostiene el relato. Intercala monólogos -sean chistes guasos o no- y descontractura. No importa que las amigas no hayan sido asesinadas el mismo día: Bazán se toma libertades porque está haciendo revista. Lo que ayer fue tragedia, se dice, hoy es comedia, y bien está que así sea.
 
La misma voluntad e independencia tiene la música de Ale Sergi. Las canciones son más que funcionales, ya que son pegadizas y la música por momentos tiene fuerza propia, liberada pero no autónoma de las situaciones.
 
 
La conjunción entre Yiya y sus tres amigas en el escenario, en términos artísticos, ronda la perfección. Virginia Kaufmann, Iride Mockert y Tiki Lovera bailan, canta e interpretan y son el pilar, o la pared en términos futbolísticos que le devuelven cada toque -de humor o no- a Karina K.
 
Un caso aparte es el de Patricio Contreras. El actor no llega a redondear una parodia de Ricardo -el marido engañado de Yiya-, que canta mal, apenas bailotea y es un personaje perdedor, al estilo de Amos Hart en Chicago (permitan el disparate, pero hay una canción aquí como Señor Celofán, y la escalera también recuerdan a la puesta del musical de Bob Fosse). Cuando dice chistes tampoco sale favorecido, por lo que no se entiende si es una mala elección de casting o si falta apretar clavijas por parte del director Ricky Pashkus. Quien ya dirigió a Karina infinidad de veces y sabe descansar en su talento.
 
 
 
 
Mucho más desenvuelto está Fabián Gianola (Jorge, el amante), que como maestro de ceremonias al menos la noche del estreno parecía como muy atado en la presentación, luego se fue soltando y entrando en el clima que Karina K y las tres amigas y víctimas llevan a delante con mucho más que soltura. Y Tomás Fonzi, como su hijo, se ha afianzado en el género tras protagonizar …Y un día Nico se fue.
 
En síntesis, Yiya, el musical tiene todos los elementos para entretener durante una hora y cuarenta, con una actriz, cantante y bailarina que agota elogios con cada nueva presentación en escena.
 
"Yiya, el musical"
 
Muy buena
 
Comedia musical. Autor: Osvaldo Bazán. Música: Ale Sergi. Dirección: Ricky Pashkus. Con: Karina K, Fabián Gianola, Patricio Contreras, Tomás Fonzi, Virginia Kaufmann, Iride Mockert y Tiki Lovera. Sala: El Nacional. Funciones: Jueves a domingo, desde $250
Pablo O. Scholtz
Clarin
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