Jul 21, 2021

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por: admin

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Categorías: Prensa

Ricky Pashkus y cómo ponerle glamour al folclore

El coreógrafo trabaja en los Premios Chúcaro y en el Proyecto Germinart, una incubadora de nuevos talentos del folclore. Cómo anotarse.

Después de trabajar durante muchos años para la comedia musical de la calle Corrientes -por describir de una manera general este género escénico- el coreógrafo Ricky Pashkus emprendió más recientemente un camino hacia los bailes nativos y el propio terruño.

En 2015 la Secretaría Federal de Medios Públicos le confió a Ricky Pashkus la organización de “Argentina baila”, un certamen para bailarines folclóricos de todo el país. En 2018 creó los Premios Chúcaro, para promover la profesionalización de los artistas del folclore. Y este año lanza “Germinart, Incubadora de proyectos escénicos folclóricos”.

El programa consiste en que un grupo de especialistas acompañarán la elaboración de proyectos coreográficos seleccionados. Los coreógrafos elegidos recibirán una capacitación en dramaturgia, música, videodanza, maquillaje, vestuario e iluminación. No forzosamente estos proyectos tendrán que subir a escena, porque Pashkus está interesado en otra cosa: alentar la creación folclórica hacia formas más relacionadas con lo que él llama “la industria cultural”.

Capacitación gratuita

Un aspecto a destacar es que esta capacitación será totalmente gratuita para los participantes, gracias a Mecenazgo del Gobierno de la Ciudad. Mecenazgo, aclaremos, es un plan de apoyo económico a proyectos artísticos por parte de empresas privadas a cambio de la exención de impuestos.

“A diferencia de los festivales y las recompensas del folclore -dice Pashkus-, que privilegian la tradición y lo genuino, los Premios Chúcaro ponen el acento en el concepto de espectáculo. Mi equipo y yo pensamos que es importante trabajar sobre aspectos narrativos e instalados en la teatralidad; aunque sé que “teatralidad” es un término discutible.

-¿Por qué sería discutible? Desde hace mucho tiempo el folclore argentino y los de tantos otros países, tienen manifestaciones escénicas.

-Es muy personal lo que voy a decirte. Yo no vengo del folclore, pero a partir de cierto momento empecé a viajar mucho gracias a él. Y hay algo que no tiene buena resonancia en los ambientes folclóricos: cuando un espectáculo de este género está asociado con el teatro comercial. Sin embargo, el Chúcaro y Norma Viola lograron cambiar esto sin entrar en ninguna grieta. No tiene sentido discutir las obras del Chúcaro, que para mi gusto son geniales, en términos de si son fieles o no a los pasos originales.

Pero otro lado, sabemos que hoy hay grupos folclóricos que se presentan en shows televisivos internacionales y son criticados porque se piensa que han roto ciertas barreras. No sé si me equivoco, pero les digo siempre a los bailarines que si aprenden otras técnicas, como ballet o danza contemporánea, no van a perder sus raíces. O que otro tipo de inserción laboral, o entrar en la industria cultural, no va a dañarlos.



El Chúcaro, un precursor



-Citaste al Chúcaro y seguramente recordarás que él se arrepintió de haber sumado boleadoras a su malambo y lo explicó como una necesidad de competir con las plumas, los brillos y los traseros de las vedettes de las revistas porteñas en las que trabajaba. Entiendo que estás haciéndote preguntas sobre cuándo o cómo algo deja de ser genuino.

-Insisto: no vengo del folclore y por eso me hago preguntas. Viajando tanto por el interior veo que la inserción laboral es un problema candente de los bailarines folclóricos. Hay algo que predico mucho: que los bailarines en los festivales sean presentados con nombre y apellido como sí se nombra a los cantantes y a los músicos. Para mí ambas cosas están relacionadas.

Y por otra parte, el folclore reúne todo: heterogeneidad de cuerpos, modelos culturales diversos, rostros inesperados. Nadie te dice “usted con esa cara no puede”. Pero como yo no tengo un liderazgo en ese mundo, no puedo evitar cuestionarme.

El célebre y ya mítico espectáculo Tango Argentino, de Claudio Segovia y Héctor Orezzoli, estrenado en 1983 en París, representa un modelo para Ricky Pashkus.

“Nadie puede negar que Tango Argentino logró que se creara trabajo para todo el mundo: se multiplicaron las milongas, los bailarines y los maestros. Me gustaría mucho hacer con el baile folclórico lo que hizo Segovia en Tango Argentino. Sus bailarines tenían “verdad”, eran genuinos; pero Claudio Segovia y Orezzoli les dieron glamour”.



-Citaste al Chúcaro y seguramente recordarás que él se arrepintió de haber sumado boleadoras a su malambo y lo explicó como una necesidad de competir con las plumas, los brillos y los traseros de las vedettes de las revistas porteñas en las que trabajaba. Entiendo que estás haciéndote preguntas sobre cuándo o cómo algo deja de ser genuino.

-Insisto: no vengo del folclore y por eso me hago preguntas. Viajando tanto por el interior veo que la inserción laboral es un problema candente de los bailarines folclóricos. Hay algo que predico mucho: que los bailarines en los festivales sean presentados con nombre y apellido como sí se nombra a los cantantes y a los músicos. Para mí ambas cosas están relacionadas.

Y por otra parte, el folclore reúne todo: heterogeneidad de cuerpos, modelos culturales diversos, rostros inesperados. Nadie te dice “usted con esa cara no puede”. Pero como yo no tengo un liderazgo en ese mundo, no puedo evitar cuestionarme.

El célebre y ya mítico espectáculo Tango Argentino, de Claudio Segovia y Héctor Orezzoli, estrenado en 1983 en París, representa un modelo para Ricky Pashkus.

“Nadie puede negar que Tango Argentino logró que se creara trabajo para todo el mundo: se multiplicaron las milongas, los bailarines y los maestros. Me gustaría mucho hacer con el baile folclórico lo que hizo Segovia en Tango Argentino. Sus bailarines tenían “verdad”, eran genuinos; pero Claudio Segovia y Orezzoli les dieron glamour”.